La palabra adicción carga una mochila llena de mitos y verdades fundadas en falsos y ligeros prejuicios. El común de la gente utiliza esta palabra con liviandad sin tener en cuenta qué es lo que realmente significa y cuales son las verdaderas causas y conductas que convierten a una persona en un adicto/a.
Es normal que la sociedad relacione la adicción con la falta de moral o etiquete al adicto como una persona defectuosa, mala que por su actitud merece un “castigo” por la manera que se maneja.
Sin embargo la forma de actuar y de ver la realidad (distorsionada) son síntomas claros de la enfermedad.
El cerebro de las personas adictas es un cerebro que ha sufrido modificaciones neorquímicamente y ese cambio se expresa mediante la alteración de los procesos cognitivos y de la conducta, principalmente aquellos padrones relacionados con la búsqueda y el consumo de drogas.
Esta modificación que sufre el cerebro de las personas adictas aumenta la dificultad para controlar el consumo y genera, a su vez, un descontrol bioquímico ligado con una ascendiente defensa psicológica, que da lugar a que el adicto se vaya despegando de la realidad.
Este proceso genera un autoengaño que produce una falta total de conciencia de todos los efectos negativos que traerá el hecho de volver a consumir.
Lejos de ir disminuyendo esta distorsión de la realidad aumenta en forma progresiva. Aunque la conducta de adicto es el reflejo cabal de los cambios y modificaciones patológicas que se dan en su organismo.
La adicción es una enfermedad que data de años y que afecta en forma directa o indirecta a gran parte de la sociedad.
En el tratamiento de la misma el concepto de enfermad se origina mediante la investigación científica y la correcta labor de los profesionales médicos.
Es fundamental la auto comprensión que los pacientes necesitan para lograr una grata recuperación. De esta forma logran dejar de lado el estigma y solicitar la atención que su salud esta necesitando.
Fuente: Al- Anon


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